miércoles, 16 de diciembre de 2009

Flor




Flor tiene 7 años, y reparte tarjetas en el tren a quienes vamos viajando. Ella va como bailando, entre salto y saltito, juega mientras reparte las tarjetas, mueve la cabeza de lado a lado, hace danzar sus pelos al ritmo de la locomotora y las canciones que se inventa en la mente.


Ella trabaja, tiene 7 años y trabaja. Es un contraste muy fuerte verla como disfruta de cierta forma su trabajo, como no sabe que es un trabajo, como ella simplemente lo hace, y mientras lo hace no deja de ser lo que es, una niña. Como cuenta las moneditas entre sus dos pequeñas manos, y como se pone contenta cuando ve que tiene más que el resto de sus amigos.


Me acuerdo la primera vez que la vi, toda despeinada, con la ropa justamente limpia, a medio cocer, y con una sonrisa preciosa! con una mirada de otro planeta! Jugando de vagón en vagón.


Ella iba sumergida en su mundo inocente, en su niñez transparente y plena. Y los que viajaban iban cada uno en su propio mundo tecnológico, cada quien con su celular, su MP3, su algo que lo separa del aqui y ahora que acontece cada instante que se pierden separandose del pedazo de tierra que ocupan cada microsegundo mientras viajan.


Flor jugueteaba y repartia las tarjetas a cada uno por igual, y yo la miraba. Cuando se acerco a mi, acostumbrada a ningnún tipo de contacto visual, ni me registro. Lo cual me llevo a llamarla, y fue así como la conoci.


La llame y ella vino desconcertada, como si hubiese hecho algo malo, entonces le pregunte, cual le gustaba más de las 3 tarjetitas que me había dado. Después de quedarse unos segundos en silencio mirandome como si fuese a jugarle algún tipo de broma, escogió una de las tarjetas.


Bueno, vamos a hacer lo siguiente, le dije, yo te voy a comprar esta tarjeta a un peso por un beso, eso si, tenes que quedartela vos y no darsela a nadie, las otras dos repartilas. Después de haberme regalado más que un beso al mostrarme los dientes enparejados y prolijos a lo largo de su boca formando una perfecta sonrisa, se acerco y me dio un beso tímido en la mejilla. Luego se fue correteando por ahí, manteniendo rastros momentáneos de aquella risa entre los dientes mientras se daba vuelta de a ratos para ver si la estaba mirando.


Fue un momento pequeño, un microinstante en un viaje matutino. Pero cuanto cambió mi día. Que detalle tan absoluto y tan sincero. Por que fue ese momento, nada más que ese momento, y el desenclace de una secuencia que termino por dejarnos a las dos una sonrisa dibujada en el rostro que dejo su luz por mucho más que un sólo un peso y una tarjeta.


Rayuela-Capitulo 7



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.


Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura.


Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.


Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.


Julio Cortazar.

martes, 15 de diciembre de 2009

Después de un tiempo...





Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...


Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los frutos tienen una forma de caerse en la mitad.


Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.


Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día aprende.


Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.


Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.


Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.


Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos, tarde o temprano se verá rodeado sólo por de amistades falsas.


Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.


Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes.


Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.


Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.


Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.


Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicadas al cuadrado.


Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.


Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.


Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.


Con el tiempo aprendes que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.


Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo...


J.L Borges

jueves, 10 de diciembre de 2009

Parpados cerrados


Sin notarlo siquiera, han pasado demasiadas lluvias, truenos y palabras.

Han emergido del sótano oscuras arañas con aires de palomas claras; con acentos de buenos pueblos y veneno entre los dientes.

Me han llegado mensajes de consejos envueltos en crucigramas y palabras de aleinto escondidas en sermones.

Todo lo recibo, todo se suemrge en mi piel de esponja.

Pero creo que cuando uno comienza a abrazarse al hueco hundido de las desgracias, la soga repleta de luz nos encandila y es más cómodo mantener los parpados apretados.

Es ahí, bien abajo, ahí, donde todo se torna en cámara lenta. Y el tiempo va o muy despacio o muy rápido.

Los golpes no cambian de color y consumen el cuerpo entero como si fuese ceniza.

Son tantas las ganas de sentir la libertad que los dedos y las lenguas sólo sirven para auto destruirnos y enterrarse en la piel para ver si de esa forma podemos matar algo de lo que nos mata.

Aunque la mayor parte del tiempo los espejos dan cuerda al reloj y de repente la realidad nos apuñala por la espalda.

Sólo queda apretar fuerte los parpados, y soñar con que algún día no nos lastime la oscuridad de la verdad en las pupilas.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Bioy Casares



Ésta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" - sin duda estaba pensando el tirano - "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?".Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" - dijo indicando el pájaro - "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".

Senderos.


20/2/2009


Toda vía lleva al mismo encuentro.

Ese encuentro que todavía esperamos.

Nada es cielo, nada es tierra ni es infierno.

Cada camino de suelas gastadas abre nuevas puertas y nuevas ventanas.

Pero es preciso cerrar cada una de las que vamos dejando atrás.

Para no caminar de espaldas y vivir del recuerdo.

Sino amplificar cada instante y observarlo desde una perspectiva diferente.

Para poder dar distintos significados a lo que nos es obvio.

Por que nada es obvio.

Nada es piso firme si no visualizamos el suelo debajo de nuestra frente.

No hay sendero sin cumbre, ni voluntad sin objetivo.

No exíste la satisfacción de llegar sin rodillas rojas.

Ni peor castigo que rodar por los escombros del desgano cuesta abajo,

y no tener más fuerza para volver a pisar fuerte.

Hay que lanzarse a la vida, aún sabiendo que podemos volver a tropezar.

Caminar sabiendo que tenemos el poder de correr cuando se nos de la gana.

Y correr con el placer de saber que podémos frenar y darnos un respiro

Siempre y cuando no detengamos nustro andar.

Lunes o Jueves.


Era un día común y las nubes y el viendo flotaban en el aire como siempre.

Era un Lunes, o un Martes...


Era una mañana ordinaria de soles y sauces.


Fue el nacimiento de un día hecho para la muerte de tus noches.


Las flores se entregaban abiertas a la luz como si nada.


Las tazas, los arboles, los trenes.


Nadie supo de tu muerte matutina.


Te desprendiste de tu cuerpo como la gota final de la canilla ya cerrada.


Simple y doliente.



Tapaste las pupilas de oscuridad y párpados y silencios.


Callando la culpa entre los dientes, cobarde, sin cartas ni pañuelos.


Solo dejaste nudos y dudas, discursos y letras.


Y tanto, pero tanto silencio.


Que hasta tu nombre se lo trago el viento.


Tu cara y tus manos,


tus manos y tus dedos,


tu boca y mis palabras en la garganta.

Todo junto va, esta todo envuelto.


Tu risa extraviada en mi llanto


que no llueve ni truena.

Los duelos de la noche a la madrugada.



Divina vigilia quiero y puedo vivir en tu recuerdo.



Por que fue un día común.


Un Lunes, o tal vez un Jueves.


Una mañana como cualquier otra.


Cuando la luz de tu escencia se extinguió.


Cuando no encontré las palabras necesarias para decir adiós.










La vida es un juego de ajedréz...


La sencillez del peon en la tabla de cuadros claros y oscuros.

La paciencia de su paso, siempre adelante y a los costados.

Pero núnca hacia atrás.

La incertidumbre de no saber si bien o mal, si día o noche.

Pero aún asi, la seguridad de que al cumplir el recorrido, sabio el objetivo,

tiene el poder de convertirse en rey o reina, caballo salvaje o alta torre.

Seamos todos como el peón.

Seamos humildes y pacientes, seguros en nuestro andar.

Bebamos de aguas claras y oscuras, sin núnca hecharnos atrás.

Que la vida es simple.

¡La vida es un juego de ajedréz!

Se un humilde peón, sabiendo que con paciencia y seguridad puedes ser un rey.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Anteojos de caleidoscopio


La vida es según como la miremos. Cada persona cuenta con su propio caleidoscopio interno. Como si tuviesemos desde que nacemos uno chiquitito que a medida que crecemos se va llenando de distintos papelitos y cosas con las cuales nosotros juzgamos y miramos la vida que ocurre ojos para afuera, o como si a cada cosa que miráramos le agregaramos un toque personal, nuestra mirada personal.
Cada uno de nosotros mira de forma particular, de forma única y muy circunstancial. Si un día nos levantamos malhumorados es muy propable que nuestro caleidoscopio se nos llene de papelitos grices, clavos y miremos como todo lo que nos rodea nos apuñala con un dedo acusador. Y es más que seguro que si nos encontramos hechizados por la magia del amor, nos vuelen pajaritos rosados y todo sea felíz.

Pero el concepto de a lo que quiero llegar no es esto, si no algo más. Yo tengo el recuerdo de cuando era más chica, de agarrar los caleidoscopios y quedarme largos momentos facinada con todo lo que podía ver, y como con cada simple movimiento aparecían cosas nuevas, y como las cosas cambiaban según la posicion en que las miraba.
Si todos pudiéramos armarnos de valor y construir nuestros propios "anteojos de caleidoscopio" no me cabe duda de que aprenderíamos a ver las cosas con más claridad, hermosas como son más allá de las dificultades, y que siempre, pero SIEMPRE, debemos darnos un espacio para observar las circunstancias desde un punto de vista diferente al que creemos que es el "mejor".
No ver las cosas desde todos sus aspectos sería tan aburrido como quedarnos quietecitos con el caleidoscopio en la mano, viendo siempre el mísmo paisaje, siempre el mismo panorama, las mísmas opiniones. ¡No valdria la pena!
Lo más bello de la vida, del caleidoscopio, es que nos permite observar cosas hermosas y maravillarnos la vista con sólo mover un poco su interior, con girarlo y mirar de nuevo como pueden cambiar las cosas con simplemente variar nuestro angulo visual.