lunes, 30 de noviembre de 2009

Bioy Casares



Ésta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" - sin duda estaba pensando el tirano - "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?".Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" - dijo indicando el pájaro - "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".

Senderos.


20/2/2009


Toda vía lleva al mismo encuentro.

Ese encuentro que todavía esperamos.

Nada es cielo, nada es tierra ni es infierno.

Cada camino de suelas gastadas abre nuevas puertas y nuevas ventanas.

Pero es preciso cerrar cada una de las que vamos dejando atrás.

Para no caminar de espaldas y vivir del recuerdo.

Sino amplificar cada instante y observarlo desde una perspectiva diferente.

Para poder dar distintos significados a lo que nos es obvio.

Por que nada es obvio.

Nada es piso firme si no visualizamos el suelo debajo de nuestra frente.

No hay sendero sin cumbre, ni voluntad sin objetivo.

No exíste la satisfacción de llegar sin rodillas rojas.

Ni peor castigo que rodar por los escombros del desgano cuesta abajo,

y no tener más fuerza para volver a pisar fuerte.

Hay que lanzarse a la vida, aún sabiendo que podemos volver a tropezar.

Caminar sabiendo que tenemos el poder de correr cuando se nos de la gana.

Y correr con el placer de saber que podémos frenar y darnos un respiro

Siempre y cuando no detengamos nustro andar.

Lunes o Jueves.


Era un día común y las nubes y el viendo flotaban en el aire como siempre.

Era un Lunes, o un Martes...


Era una mañana ordinaria de soles y sauces.


Fue el nacimiento de un día hecho para la muerte de tus noches.


Las flores se entregaban abiertas a la luz como si nada.


Las tazas, los arboles, los trenes.


Nadie supo de tu muerte matutina.


Te desprendiste de tu cuerpo como la gota final de la canilla ya cerrada.


Simple y doliente.



Tapaste las pupilas de oscuridad y párpados y silencios.


Callando la culpa entre los dientes, cobarde, sin cartas ni pañuelos.


Solo dejaste nudos y dudas, discursos y letras.


Y tanto, pero tanto silencio.


Que hasta tu nombre se lo trago el viento.


Tu cara y tus manos,


tus manos y tus dedos,


tu boca y mis palabras en la garganta.

Todo junto va, esta todo envuelto.


Tu risa extraviada en mi llanto


que no llueve ni truena.

Los duelos de la noche a la madrugada.



Divina vigilia quiero y puedo vivir en tu recuerdo.



Por que fue un día común.


Un Lunes, o tal vez un Jueves.


Una mañana como cualquier otra.


Cuando la luz de tu escencia se extinguió.


Cuando no encontré las palabras necesarias para decir adiós.










La vida es un juego de ajedréz...


La sencillez del peon en la tabla de cuadros claros y oscuros.

La paciencia de su paso, siempre adelante y a los costados.

Pero núnca hacia atrás.

La incertidumbre de no saber si bien o mal, si día o noche.

Pero aún asi, la seguridad de que al cumplir el recorrido, sabio el objetivo,

tiene el poder de convertirse en rey o reina, caballo salvaje o alta torre.

Seamos todos como el peón.

Seamos humildes y pacientes, seguros en nuestro andar.

Bebamos de aguas claras y oscuras, sin núnca hecharnos atrás.

Que la vida es simple.

¡La vida es un juego de ajedréz!

Se un humilde peón, sabiendo que con paciencia y seguridad puedes ser un rey.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Anteojos de caleidoscopio


La vida es según como la miremos. Cada persona cuenta con su propio caleidoscopio interno. Como si tuviesemos desde que nacemos uno chiquitito que a medida que crecemos se va llenando de distintos papelitos y cosas con las cuales nosotros juzgamos y miramos la vida que ocurre ojos para afuera, o como si a cada cosa que miráramos le agregaramos un toque personal, nuestra mirada personal.
Cada uno de nosotros mira de forma particular, de forma única y muy circunstancial. Si un día nos levantamos malhumorados es muy propable que nuestro caleidoscopio se nos llene de papelitos grices, clavos y miremos como todo lo que nos rodea nos apuñala con un dedo acusador. Y es más que seguro que si nos encontramos hechizados por la magia del amor, nos vuelen pajaritos rosados y todo sea felíz.

Pero el concepto de a lo que quiero llegar no es esto, si no algo más. Yo tengo el recuerdo de cuando era más chica, de agarrar los caleidoscopios y quedarme largos momentos facinada con todo lo que podía ver, y como con cada simple movimiento aparecían cosas nuevas, y como las cosas cambiaban según la posicion en que las miraba.
Si todos pudiéramos armarnos de valor y construir nuestros propios "anteojos de caleidoscopio" no me cabe duda de que aprenderíamos a ver las cosas con más claridad, hermosas como son más allá de las dificultades, y que siempre, pero SIEMPRE, debemos darnos un espacio para observar las circunstancias desde un punto de vista diferente al que creemos que es el "mejor".
No ver las cosas desde todos sus aspectos sería tan aburrido como quedarnos quietecitos con el caleidoscopio en la mano, viendo siempre el mísmo paisaje, siempre el mismo panorama, las mísmas opiniones. ¡No valdria la pena!
Lo más bello de la vida, del caleidoscopio, es que nos permite observar cosas hermosas y maravillarnos la vista con sólo mover un poco su interior, con girarlo y mirar de nuevo como pueden cambiar las cosas con simplemente variar nuestro angulo visual.