
Flor tiene 7 años, y reparte tarjetas en el tren a quienes vamos viajando. Ella va como bailando, entre salto y saltito, juega mientras reparte las tarjetas, mueve la cabeza de lado a lado, hace danzar sus pelos al ritmo de la locomotora y las canciones que se inventa en la mente.
Ella trabaja, tiene 7 años y trabaja. Es un contraste muy fuerte verla como disfruta de cierta forma su trabajo, como no sabe que es un trabajo, como ella simplemente lo hace, y mientras lo hace no deja de ser lo que es, una niña. Como cuenta las moneditas entre sus dos pequeñas manos, y como se pone contenta cuando ve que tiene más que el resto de sus amigos.
Me acuerdo la primera vez que la vi, toda despeinada, con la ropa justamente limpia, a medio cocer, y con una sonrisa preciosa! con una mirada de otro planeta! Jugando de vagón en vagón.
Ella iba sumergida en su mundo inocente, en su niñez transparente y plena. Y los que viajaban iban cada uno en su propio mundo tecnológico, cada quien con su celular, su MP3, su algo que lo separa del aqui y ahora que acontece cada instante que se pierden separandose del pedazo de tierra que ocupan cada microsegundo mientras viajan.
Flor jugueteaba y repartia las tarjetas a cada uno por igual, y yo la miraba. Cuando se acerco a mi, acostumbrada a ningnún tipo de contacto visual, ni me registro. Lo cual me llevo a llamarla, y fue así como la conoci.
La llame y ella vino desconcertada, como si hubiese hecho algo malo, entonces le pregunte, cual le gustaba más de las 3 tarjetitas que me había dado. Después de quedarse unos segundos en silencio mirandome como si fuese a jugarle algún tipo de broma, escogió una de las tarjetas.
Bueno, vamos a hacer lo siguiente, le dije, yo te voy a comprar esta tarjeta a un peso por un beso, eso si, tenes que quedartela vos y no darsela a nadie, las otras dos repartilas. Después de haberme regalado más que un beso al mostrarme los dientes enparejados y prolijos a lo largo de su boca formando una perfecta sonrisa, se acerco y me dio un beso tímido en la mejilla. Luego se fue correteando por ahí, manteniendo rastros momentáneos de aquella risa entre los dientes mientras se daba vuelta de a ratos para ver si la estaba mirando.
Fue un momento pequeño, un microinstante en un viaje matutino. Pero cuanto cambió mi día. Que detalle tan absoluto y tan sincero. Por que fue ese momento, nada más que ese momento, y el desenclace de una secuencia que termino por dejarnos a las dos una sonrisa dibujada en el rostro que dejo su luz por mucho más que un sólo un peso y una tarjeta.



