
Era un Lunes, o un Martes...
Era una mañana ordinaria de soles y sauces.
Fue el nacimiento de un día hecho para la muerte de tus noches.
Las flores se entregaban abiertas a la luz como si nada.
Las tazas, los arboles, los trenes.
Nadie supo de tu muerte matutina.
Te desprendiste de tu cuerpo como la gota final de la canilla ya cerrada.
Simple y doliente.
Tapaste las pupilas de oscuridad y párpados y silencios.
Callando la culpa entre los dientes, cobarde, sin cartas ni pañuelos.
Solo dejaste nudos y dudas, discursos y letras.
Y tanto, pero tanto silencio.
Que hasta tu nombre se lo trago el viento.
Tu cara y tus manos,
tus manos y tus dedos,
Todo junto va, esta todo envuelto.
Tu risa extraviada en mi llanto
Los duelos de la noche a la madrugada.
Divina vigilia quiero y puedo vivir en tu recuerdo.
Por que fue un día común.
Un Lunes, o tal vez un Jueves.
Una mañana como cualquier otra.
Cuando la luz de tu escencia se extinguió.
Cuando no encontré las palabras necesarias para decir adiós.

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